jueves, 12 de noviembre de 2009

Perseo

El mito de Perseo

Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.

Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.

Perseo no aceptó esta peligrosa misión porque deseara adquirir gloria personal, sino porque amaba a su madre y estaba dispuesto a arries gar su vida para protegerla.

La Medusa Gorgona era tan horrorosa que sólo con mirarle a la cara con vertía en piedra al observador. Perseo necesitaba la ayuda de los dioses para ven cerla; y Zeus, su padre, se aseguró de que le ofrecieran esa asistencia. Hades, el rey del inframundo, le prestó un casco que hacía invisible al portador; Hermes, el Mensajero divino, lo proveyó de sandalias aladas, y Atenea le dio la espada y un escudo especial pulido con tanto brillo que servía como espejo. Con este escu do, Perseo pudo ver el reflejo de Medusa, y de ese modo le cortó la cabeza sin mirar directamente a su horrible rostro.

Con esta cabeza monstruosa, convenientemente oculta en una bolsa, volvió para casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible mons truo marino. Supo que se llamaba Andrómeda y que la estaban sacrificando al monstruo porque su madre había ofendido a los dioses. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey, hasta el punto que, desesperada, tuvo que buscar refugio en el templo de Atenea.

Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que en adelante se con virtió en su emblema. También devolvió los otros dones a los dioses que se los habían dado.

Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impul sado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino. En con secuencia, intercambió los reinos con su vecino, el rey Argos, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.

La Odisea

Indice


Contenido



La partida de Ulises

Ulises decide marcharse cuanto antes de Troya. Está ansioso por llegar a Ítaca tras diez años. Parte con Menelao pero discute con él y regresa junto a Agamenón, que está organizando un sacrificio a los dioses. Tras esto se hace a la mar. En ese instante se desata una tormenta terrible. Ulises pierde el rumbo, en cierta forma sale del mundo conocido y entra en otro más allá.

Llega hasta el país de los lotófagos. Los lotófagos se alimentan de flores de loto. Quien las come olvida quien es y no desea otra cosa que comer loto. Algunos de sus hombres caen en esta trampa. No es más que el principio. Es una metáfora de lo que le espera: el reino del olvido.

El cíclope Polifemo

Sus vagabundeos le llevan a una isla. Sus hombres están hambrientos y Ulises decide buscar por la isla. Llega hasta una cueva de dimensiones gigantescas. Está llena de quesos. Ulises decide coger algunos y marcharse, pero la curiosidad puede con él.

En esto llega el dueño de la cueva, un cíclope llamado Polifemo. Un cíclope es una criatura gigantesca con un solo ojo en medio de la frente. Polifemo es un pastor, de ahí que haya tantos quesos. Al entrar, tapa la entrada de la cueva con una roca que solo él puede mover. Ulises le pide hospitalidad, el cíclope sonríe y ante la mirada impávida de todos, devora a dos de los navegantes y se echa a dormir. Se repite la misma escena todas las noches. Ulises decide entrar en acción.

Una noche se le presenta. Le dice que se llama Nadie y le hace beber hasta que el cíclope queda totalmente borracho. Luego afila una estaca y se la clava a Polifemo en su único ojo. El cíclope despierta y grita dolorido. Acuden otros cíclopes hasta su puerta y le preguntan qué le pasa.

"¡Ah! Me atacan. Me han cegado"

"¿Quién ha hecho eso?"

"¡Nadie! Nadie me ha hecho esto"

Los cíclopes resoplan. Ese loco de Polifemo les despierta en medio de la noche para decir que nadie le ataca. Menudo fastidio de vecino.

A la mañana siguiente héroes se atan a al barriga de los corderos que cuida Polifemo. El cíclope está en la entrada de la cueva y toca a todos los corderos que salen para que los griegos no escapen, mientras se lamenta.

Ulises y los suyos llegan hasta su barco y desde allí Ulises se burla de Polifemo.

"¡Puedes decirles a todos que Ulises te ha cegado!¡Ulises de Ítaca!"

Ese orgullo va a ser la perdición de Ulises. El padre de Polifemo es Poseidón y el dios no le va a perdonar. Le maldice y jura que jamás regresará a casa.



Circe, la hechicera

La siguiente parada es una isla salvaje, llena de leones y lobos, que sin embargo se muestran extrañamente dóciles. Ulises envía una expedición para ver si encuentran comida. Ninguno regresa. Ulises debe ir a buscarlos. Durante su labor, llega hasta él Hermes que le cuenta donde está. Se encuentra en la isla de la hechicera Circe, hija de Helio. Circe tiene la manía de convertir a todo el que se le acerca en animal. La pobre se siente sola y los animalitos le hacen compañía. Hermes le ofrece a Ulises una planta con la que vencer el sortilegio de la maga.

Ulises llega al palacio, Circe le mira de arriba a abajo y sonríe. Le ofrece una copa de vino. Ulises bebe. No pasa nada. Circe se asusta. Ulises la amenaza con su espada y la obliga a liberar a sus compañeros.

Ulises permanece allí mucho tiempo, hasta que decide que ya es hora de partir. Circe se resigna, aunque ama al héroe. Le aconseja que baje al Hades y consulte a Tiresias, el adivino.



Tiresias en el Hades

Ulises desciende la Hades siguiendo las indicaciones de Circe. Allí ve a su madre, Anticlea, que se ha suicidado por la tardanza de su hijo. También habla con Aquiles. El héroe está poco contento con su condición actual y le cuenta sus penas a Ulises.

Tiresias acude también y a cambio de un poco de sangre de cordero profetiza para él. Le dice que ha de atravesar una serie de obstáculos como la isla de las sirenas. También profetiza que regresará a casa sin ninguno de sus compañeros y en una nave extraña.

Regresa con Circe que le cuenta como puede salvar los obstáculos. Los dos se despiden, pero algo de él queda en Circe: sus hijos. Y será uno de ellos precisamente, el que en el futuro acabará con la vida de Ulises.


El canto de las sirenas

Las sirenas tiene cuerpo de pájaro y cabeza de mujer. Viven en una isla rodeada de cadáveres y esqueletos de barcos. ¿Por qué?. Fácil, su canto es tan extraordinario que el que lo escucha solo desea alcanzarlas y claro, se estrella con barco y todo contra las rocas de la isla. Y si alguno sobrevive ya se encargan ellas de matarlo.

Ulises ya está prevenido. Hace que sus compañeros se tapen los oídos con cera. Él les pide que le aten al palo mayor y que no le suelten por más que suplique.

Ulises es demasiado curioso. Necesita saberlo todo, conocerlo todo y no le importa poner en peligro su vida.

Ulises escucha el canto de las sirenas. Le hablan de sus alabanzas, de sus aventuras y él hubiese querido arrojarse al mar para llegar hasta ellas.

El barco se aleja de la isla.



Las vacas del sol

Se detienen en la isla de Helios. Allí pacen un gran número de vacas, una por cada día del año y su número debe permanecer siempre constante. Ni aumenta ni disminuye.

Ulises prohíbe a sus compañeros que coman esas vacas por que son sagradas. Pero el tiempo pasa y las condiciones marítimas les impiden salir de la isla. Están hambrientos. Ulises se retira a meditar y se duerme.

Mientras sus compañeros matan varias vacas y se las comen. No son vacas corrientes, así incluso troceadas no paran de mugir. Cuando Ulises se entera monta en cólera. pero ya es demasiado tarde.

Sus compañeros están perdidos. Zeus les castiga y hunde su barco en medio de una tempestad provocada por el monstruo Caribdis. Solo Ulises se salva.



Calipso, la que oculta

Agotado y sucio, el naufrago llega a una isla. Una mujer preciosa acude a socorrerlo. Es la ninfa Calipso.

El propio nombre de la ninfa explica lo que hace Calipso. Viene del verbo kalýptein, ocultar. La isla está tan lejos del mundo que parece que está fuera de él. Sus habitantes están ocultos a todos.

Calipso le recoge, le lava y cura sus heridas dulcemente. Ulises se deja hacer. Calipso lo retiene en aquella isla alejada del mundo durante muchos años. Le ama y aspira a conservarle eternamente.

Desde el Olimpo, Atenea la protectora de Ulises, observa a la pareja. Acude a su padre y le dice que ya va siendo hora de que Ulises regrese a su casa. Zeus mira hacia abajo, hacia el mar pues no desea enfrentarse con su malhumorado hermano. Espera hasta que éste sale de viaje y envía a Hermes.

El dios se planta en la isla de Calipso y se entrevista con ella. Le comunica la decisión de los dioses: debe dejar marchar a Ulises. Calipso asiente dulcemente.

Ulises mientras tanto, llora desconsolado pensando en su hogar. Cuando llega Calipso esconde sus lágrimas. A pesar de todo, la diosa se da cuenta.

"Si te quedas conmigo te ofrezco la inmortalidad"

"Deseo volver a mi hogar, a Ítaca"

"¿Es Penélope mejor que yo?"

"Claro que no. Tú eres una diosa. Eres mucho mejor que ella. Pero Penélope es mi hogar, es mi vida"

Calipso se rinde. Entre los dos construyen una barca para que Ulises emprenda su viaje de vuelta.

Calipso le ve alejarse, desde la playa.



Los feacios

Poseidón, siempre vigilante, ve una pequeña barca en sus dominios y se acerca a curiosear. Es ese engreído de Ulises. Ya debería haber muerto. Desata sobre él una furiosa tormenta.

Solo le salva a Ulises una diosa: Ino, que protege a los marinos en peligro. Ino se atreve a regalarle su cinturón con el que nunca podrá hundirse. Ulises nada durante horas hasta llegar a la costa, arroja el cinturón al mar para que la diosa lo recoja y se queda dormido.

Horas más tarde aparece un cortejo de doncellas. Entre ellas se encuentra la princesa Nausiaca, hija de Alcínoo el rey de los feacios. Los feacios se encuentran a medio camino entre la humanidad y los dioses. Son mágicos y se dedican al transporte en unos extraños barcos que se mueven solos.

Atenea ha preparado un poco las cosas. Ha hecho que Nausiaca sueñe que un extranjero la desposará. Así que cuando Ulises despierta y se da a conocer, todas las muchachas huyen menos ella.

Ulises le pide algo de ropa y hospitalidad, pues está desnudo y hambriento. Nausiaca asiente y espera mientras Ulises se lava ene el río. Atenea vuelve a actuar. Hace que el Ulises que surge del río sea mucho más fuerte, más guapo, más alto, más apuesto. Así que aquí tenemos a Ulises hecho todo un conquistador.

Las doncellas se quedan con la boca abierta y Nausiaca ya se ve casada. La princesa le aconseja sobre como llegar al palacio de su padres. Luego se marcha. No es correcto que se vea a la hija de los reyes con un extranjero.

Ulises le obedece, pero por si acaso Atenea le rodea por una nube que le hace invisible. Solo le prohíbe mirar a los ojos de quien se encuentre. las criaturas invisibles no pueden mirar a las ojos de quien no lo es.

Una vez en el palacio, Atenea le hace otra vez visible y Ulises se arroja a las rodillas de la reina, suplicando hospitalidad. La reina, Arete, se compadece y le acoge.

Durante la cena, un poeta canta las alabanzas de los héroes de Troya. Así es como Ulises conoce las desventuras de muchos de sus compañeros. Oculta su rostro y llora quedamente. La reina le descubre y le pregunta por qué llora, aunque ya lo sospecha.

"Soy Ulises" dice y les cuenta sus aventuras. Luego les pide que le lleven a casa.

Los feacios acceden, aunque antes de partir Alcínoo le pide que se quede y se case con su hija. Ulises no se lo piensa. Quiere regresar a Ítaca. Hasta allí le llevan los feacios.

Poseidón no siente más que ira, así que convierte la barco en piedra y tapone el estrecho que comunica a los feacios con el mundo mortal.



Penélope y Telémaco

¿Qué ha ocurrido en Ítaca durante estos veinte años?. Penélope esperó el regreso de su marido mientras duraba la guerra. Comienza a preocuparse cuando ve que todos han regresado y Ulises no. Corre el rumor de que ha muerto. Ahí comienzan los problemas.

Son muchos los que quieren asentarse en le trono de Ítaca, y la mejor forma es casarse con Penélope. Uno tras otro se presentan en la hacienda de Ulises y allí se quedan, esperando a que Penélope se decida por uno de ellos. Penélope no puede echarlos y Telémaco es un niño. Ha de soportar que se coman sus cosechas y sus animales y que se acuesten en el patio con sus criadas.

Les pone todo tipo de excusas para no elegir. Al final les dice que elegirá al candidato cuando termine de tejer un sudario para Laertes, el padre de Ulises, que es ya un anciano. Por el día teje y por la noche deshace el trabajo. Los ha mantenido engañados dos años. Pero una criada la traiciona y es descubierta.

Mientras, Telémaco crece y tiene que forjarse un nombre. Atenea le aconseja que no se quede quieto en Ítaca sino que busque información sobre su padre. Telémaco viaja i visita Menelao y a Néstor, pero nada saben de Ulises. Regresa y con la ayuda de Atenea, burla la trampa que los pretendientes le había preparado para matarle.



El regreso a Ítaca

Ulises decide ser prudente y no mostrarse tal y como es hasta asegurarse de quienes la van a recibir bien y quien no. Atenea le disfraza de mendigo. Y así llega a su hogar. Allí los pretendientes campan a sus anchas y nadie se siente capaz de detenerlos. Una vez ha visto lo que hay, se prepara para resolverlo.

Se refugia en la cabaña del porquerizo del palacio, que le sigue siendo fiel. Allí es donde se encuentra con Telémaco. Ambos se sientan y conversan. Llegado el momento, Ulises le dice quien es. Telémaco mira al mendigo con escepticismo. Atenea le devuelve su figura habitual, pero Telémaco sigue desconfiando. Ulises se levanta enfadado y comienza a regañarle como solo los padres saben hacerlo.

"¿Cómo te atreves a contradecir a tu padre? ¿Cómo que no me reconoces?. Te digo que yo soy Ulises"

Entonces es cuando Telémaco le cree y entre los dos urden un plan contra los pretendientes.



El fin de los pretendientes

Ulises, disfrazado de mendigo, y Telémaco regresan al palacio. Ulises observa, ayudado por Telémaco, quienes le siguen fieles y quienes no. Penélope los ve y se acerca. Pregunta al mendigo por Ulises, como hace a todos los viajeros. Ulises le miente. Le cuenta que vio a Ulises al principio de la guerra. Inmediatamente, Penélope le toma simpatía y manda a una sirvienta que le lave los pies. La sirvienta es Euriclea, la antigua nodriza de Ulises. Ulises sabe que le reconocerá cuando vea en su pantorrilla una cicatriz que tiene desde pequeño, como efectivamente ocurre. Euriclea calla por orden de Ulises y se marcha de allí, incapaz de ocultar lo que siente.

Los pretendientes siguen acosando a Penélope. Harta les propone lo siguiente: el que sea capaz de tensar el arco de Ulises, ese será su marido.

Todos fanfarronean. Pero tensar el arco de Ulises no es tan fácil. Todos los pretendientes lo intentan sin conseguirlo. Penélope sonríe. Mientras, Telémaco y Ulises han ido cerrando las puertas de la sala.

Telémaco también lo intenta y por poco lo consigue. Los pretendientes se burlan.

"Yo también voy a intentarlo" dice el mendigo que es Ulises. Los pretendientes le arrojan cosas. Es Penélope quien le defiende.

"Si este hombre lo consigue, le colmaré de riquezas y regalos" dice. Luego se retira a descansar.

Ulises va tensando el arco y Telémaco termina de cerrar las puertas. Con una facilidad asombrosa, Ulises consigue tensar el arco, pone una flecha y apunta a un pretendiente. Atenea le devuelve su aspecto. Caen uno tras de otro.



Ulises, rey de Ítaca

Penélope descansa en su habitación. Pero le despiertan los gritos de las sirvientas. Euriclea entra en la habitación como una tromba.

"¿Qué haces aquí dormida?.Levántate, mujer. Ulises ha vuelto"

Penélope baja para encontrar a su hijo charlando animadamente con un desconocido que se parece mucho a Ulises. Pero ella es prudente. Todos le reprochan su corazón de piedra sin saber que ese corazón es el que le ha permitido sobrevivir a las injurias de los pretendientes.

Decide probar al desconocido, tenderle una trampa. Se vuelve y le dice a un criado que bajen la cama de Ulises hasta allí por que no piensa dormir con él.

Ulises pone los brazos en jarras y la mira con fuego en los ojos.

"?Te has vuelto loca Penélope?. Mi cama no se puede mover. Uno de sus pilares es un olivo que yo mismo sembré"

Ulises ha probado su identidad. No necesita nada más.

Ulises va a ver a su padre Laertes. Al principio el viejo no le reconoce y una vez más Ulises tiene que probar quien es. Luego los dos regresan a Palacio.

Tumbados en la cama, Penélope y Ulises se cuentan sus aventuras. Atenea hace que esa noche sea más larga de lo habitual.








Konstantios Kavafis

Konstantínos Kaváfis.

ÍTACA.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


martes, 10 de noviembre de 2009

Grecia en peligro

La batalla de las Termopilas


Año 480 aC. Siguiendo con la política expasionista del Imperio Aqueménida, Jerjes I, emperador persa, se propuso conquistar Grecia y, tras reunir un ingente ejército de centenares de miles de hombres, y planificar cuidadosamente la logística de la campaña, inició las hostilidades. Los griegos, reunidos en confederación, planearon enviar un limitado contingente de tropas a algún puesto avanzado, fácil de defender, para detener el avance persa, mientras se organizaba la defensa en retaguardia. Atenas quería detener la invasión como fuese y consiguió convencer a Leónidas I, rey de Esparta, para que participase en la primera defensa de Grecia.

La batalla más importante se celebró en un lugar llamado valle de las Termópilas. Allí esperó a los persas un ejército compuesto por 300 hoplitas espartanos (a los que hay que sumar otros 600 ilotas, pues cada espartano llevaba dos siervos a su servicio), 500 de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia: 400 de Corinto, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios y 400 tebanos, además de 1.000 focenses y todos los locros.

Según las fuentes clásicas griegas, los soldados persas conformaban un ejército que oscilaba entre los 250.000 y el millón de efectivos. Sin embargo, la formación compacta e impenetrable de la falange griega era óptima para retener a la horda persa en un paso tan estrecho y en apariencia infranqueable.

Leónidas fue advertido sobre el gran número de arqueros que poseía Jerjes. Heródoto de Halicarnaso indica que se le dijo a Leónidas que «sus flechas cubrían el sol» y «volvían noche el día». Dienekes, soldado espartano, consideraba el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Fue entonces cuando pronunció su famosa frase: «Tanto mejor; lucharemos a la sombra».

Se dice que Jerjes, al toparse con los soldados griegos, supuso que éstos se marcharían al ver la magnitud de su ejército. Pasaron cuatro días y Jerjes, impaciente, envió un emisario exigiendo a los griegos que entregasen sus armas inmediatamente para no ser aniquilados. Leónidas respondió: «Ven a buscarlas tú mismo» (Μολων λαβε). Así dió comienzo la batalla.

En un principio el rey lacedemonio no pensaba que pudiera perder la batalla. Lo angosto del desfiladero anulaba la superioridad numérica persa, su mayor protección les permitiría aguantar los envites persas y el mayor tamaño de sus lanzas podría darles suficiente ventaja en una lucha cuerpo a cuerpo; así había sucedido en la pequeña confrontación de la Batalla de Maratón.

Fila tras fila los persas se estrellaron contra las lanzas y escudos espartanos sin que éstos cedieran. Gracias a la compacta formación lacedemonia, y a pesar de la grave desventaja numérica, Leónidas y sus hombres se opusieron a las oleadas de soldados enemigos con un número mínimo de bajas, mientras que las pérdidas de Jerjes —aunque minúsculas en proporción a sus fuerzas— supusieron un duro golpe para la moral de sus tropas. Durante las noches, Leónidas solía decirles a sus hombres: «Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado».

Frustrado e impaciente, Jerjes envió al frente a sus diez mil Inmortales, su fuerza de élite, llamados así porque cada vez que un Inmortal caía, otro corría a reemplazarlo, manteniéndose en la cantidad fija de diez mil hombres. Sin embargo, los resultados fueron los mismos. Los persas morían a cientos, la moral del ejército decaía y los griegos no mostraban signos de cansancio. La batalla continuó de esta forma durante 2 días. Fue entonces cuando Jerjes, abatido, recibió la ayuda que necesitaba.

Un habitante griego de la zona, llamado Efialtes, ofreció mostrarle a Jerjes un paso alternativo que rodeaba el lugar donde estaba Leónidas para acabar con su resistencia de una vez por todas. El afán de recompensa de Efialtes recibió un duro castigo, derivando su nombre en sinónimo de traidor en griego.

Sin dudarlo, Jerjes envió un importante número de sus fuerzas por ese paso. Este paso se encontraba defendido por los focenses, pero al verse sorprendidos durante la noche por los persas, fueron fácilmente barridos, sellando de esta manera la suerte de los defensores de las Termópilas.

Es en este momento, cuando se constata que la maniobra envolvente persa está a punto de cerrarse, que empieza a gestarse la leyenda: El rey Leónidas convoca a los generales, espartanos y aliados griegos y les explica la situación...
Cuando Leónidas detectó la maniobra del enemigo y se dió cuenta de que le atacarían por dos frentes, reunió un consejo de guerra, donde ofreció a los griegos dos opciones: podían irse por mar a Atenas o permanecer en las Termópilas hasta el final.

Es en este punto donde Heródoto menciona su creencia de que Leónidas permitiera la marcha de los aliados influenciado por «la consulta previa que, a propósito de aquella guerra, realizaron los espartiatas al Oráculo nada más estallar la misma. La respuesta que recibieron de labios de la Pitia fue que Lacedemón sería devastada por los bárbaros o que su rey moriría.
Quedaron él, los lacedemonios y algunos tebanos. Mientras el resto de la fuerza que había decidido irse se retiraba hacia Atenas, los 300 soldados de la guardia de Leónidas y mil griegos leales (los tespios y los de Tebas) se quedaron a presentar batalla y resistencia hasta el final; la suerte estaba echada.

Al despuntar el alba del tercer día, Leónidas dijo a sus hombres: «Tomad un buen desayuno, puesto que hoy cenaremos en el Hades». Decididos a inflingir el máximo daño al enemigo persa, los griegos salieron a luchar a la parte amplia del Paso. Primero lucharon al estilo tradicional del hoplita, usando el escudo como defensa y la lanza como mortífera prolongación de su brazo. Cuando todas las lanzas se hubieron quebrado, echaron mano de sus espadas cortas, las temibles xiphoi, que cayeron sobre los persas como una infalible máquina de quitar vidas.

Cuando la situación se hizo ya irreversible, y la tenza propiciada por Efialtes se cerró sobre ellos, los espartanos se retiraron a un montículo, decididos a no dejar un sólo grano de arena sin manchar de sangre.

Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon que Jerjes decidió abatirlos de lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que no cayera en manos enemigas.
La batalla duró 3 días y los persas consiguieron derrotar a los temidos espartanos, pero éstos ya habían retrasado notablemente el avance persa, diezmado la moral de su ejército y matado a miles de soldados.



Documentales

De donde vienen los dioses?

Al principio, solo habia caos. Despues aparecieron la Tierra, Gaia, el infierno, Tartaro, el deseo, Eros, y finalmente la Noche.

La Tierra y el Cielo

Gaia, la Tierra, da nacimiento a las montañas, al mar i a Urano, el cielo estrellado.
Despues, se unira a Urano. Sus hijos son monstruosos: 12 titanes violentos, 3 ciclopes i los cien brazos, unas criaturas que tienen 100 brazos i 50 cabezas cada una! Urano les cierra al lugar mas profundo de la Tierra. Pero Cronos, el titan mas joven, se revuelve contra su padre.

Cronos

Cronos libera a sus hermanos de la prision subterranea, un dia, cuando su padre dormia, Cronos le corto los testiculos tirandolos al mar, dando nacimiento asi a Afrodita. Convertido en rei, se une a su hermana Rea. Gaia y Urano le han predecido que seria destronado por uno de sus hijos. Por eso Cronos devora sin piedad a sus hijos, tan buen punto nacen. Rea consigue protejer y esconder a su ultimo hijo: Zeus. En lugar del niño, le presenta a su marido una piedra envuelta con pañales, Cronos se lo come.

Zeus se venga

El joven dios crece en la isla de Creta. Mas adelante, para vengarse de su padre, le da una bebida magica que le obliga a vomitar a sus hijos. I llego Poseidon, Hades, Demeter y Hera. Todos ajudan a su hermano, que les ha salvado, a convertirse en el rey de los dioses.

La Titanomaquia

Durante diez años se enfrentan dos ejercitos excepcionales, el de los titanes y el de los dioses del monte Olimpo. Todos dos son tan poderosos que ninguno consigue una victoria decisiva sobre el otro. Zeus recorre a los ciclopes y a los cien brazos y encuentra a sus mejores aliados. Los cien brazos, aunque sean solo tres, son tan terribles como un ejercito entero.Finalmente los dioses derrotan a los titanes y los envian debajo de la Tierra donde no saldran nunca mas.

Divinidades estrañas

Aldrededor de los olimpicos, hay una multitud de otras divinidades extraordinarias, con poderes sorprendentes.Los vientos obedecen a Poseidon, que cuando quiere provoca tormentas violentas. Los heroes, medio dioses, medio humanos, tienen poderes excepcionales i un destino extraordinario. Las nimfas, mas hermosas las unas que las otras, viven muchos años.

El hilo de la vida

Las tres Moiras o Parcas deciden el destino de cada hombre, debajo la direccion de Zeus. Son filadoras:

Cloto: fabrica el hilo de la vida.
Láquesis: asigna el destino.
Atropos: La que corta.

Esto simboliza el nacimiento, la vida y la muerte.

Los monstruos

Tambien hay seres monstruosos, como los centauros, con cuerpo de cavallo y busto de hombre; Las sirenas, media mujer, medio pajaro; Los ciclopes, seres gigantescos seres, con un solo ojo (Por ejemplo el ciclope Polifemo)
A veces, intervienen dragones y mujeres viejas, horribles y crueles.
La mitologia griega tambien es rica en animales terrorificos, como Cerbero, un perro de tres cabezas i guardian del infierno, o bravos espantosos o hasta cavallos devoradores de hombres!

La familia de los dioses

Los griegos creen en millares de divinidades. Algunas son muy importantes: se les llama olimpicos.
Las mas modestas, las nimfas, viven en las rocas, los bosques y los rios. Tambien hay criaturas monstruosas, que vale mas que no las encontremos en el camino.

Los principales dioses

Viven en el monte Olimpo. Por este motivo se les llama olimpicos. Se alimentan de ambrosia (alimento divino que proporciona la inmortalidad) i beven nectar.
Zeus es el rey i les manda, pero a menudo se pelean entre ellos. Los dioses tienen el poder de transformarse a su voluntad. Tienen la capacidad de ver todo lo que ocurre en la Tierra y tambien pueden aparecer entre los humanos para seducirlos, ajudarlos o castigarlos. Hades es el unico de estos dioses que no viven en el Olimpo: vive en el infierno, alli donde moran los muertos.

Hades-Demeter-Hera-Zeus-Poseidon: son hermanos.
Hera y Zeus: Hefesto y Ares.
Zeus y sus amantes: Atenea, Apolo,Artemis,Afrodita,Hermes y Dionisio.